martes, 30 de agosto de 2011

Capítulo 50.


Al día siguiente me desperté como siempre, no muy bien. Bajé a desayunar y allí estaba Justin, pero lo que me pareció más extraño es que no estuviera con Ainhoa.
-Buenos días Mara. –Me dijo sonriente.
-Buenos días. ¿Qué haces aquí a estas horas? –Le pregunté riéndome.
-Nada, venía a daros una visita. ¿No te alegras de verme al despertarte? –Me dijo sonriéndome.
-Creído. –Le respondí riéndome y me puse a desayunar con él y con Chaz.
Por la tarde había quedado con María para dar una vuelta.
La fui a buscar al hotel y nos fuimos a comprar un perrito al puesto que está en el parque de cerca del hotel.
Mientras lo comíamos dimos una vuelta por el parque.
-María, ¿qué tal vas con tu decisión? –Le pregunté de sopetón. Lo intriga me mataba.
-Pues más o menos. –Se quedó en silencio por unos instantes- Para qué engañarnos, va bastante mal. Los quiero a los dos, pero al ver a Cody tan deprimido se me parte el corazón. Pero cuando Dudu me abraza es como que me siento genial. Me gustan a los dos, y no sé qué hacer.
-Joé..
-Bah, déjalo, no quiero hablar de eso ahora. ¿Y tú qué tal?
-Bieen. –Intenté que no se notara que mentía.
Pasamos el resto de la tarde dando vueltas por el parque, y mirando tiendas.
[...]
Ya habían pasado cuatro días desde que Iria y Christian se habían ido a España y no noté para nada la ausencia de Iria. Se pasaba el día y la noche pegada al iPhone de Christian en el twitter.
La mañana y la tarde fueron de lo más normal ese día. Justin se pasó aquí todo el día y por la tarde llamó a Ainhoa y también vino. Fue una buena tarde, irónicamente.
Yo me pasé esa tarde leyendo. Mi madre me había mandando desde Canadá dos libros muy interesantes, sospechosamente en contra del alcohol a los menores. No se que se pensaba que estaba haciendo en Atlanta, y tampoco quería averiguarlo.
Ryan y Justin subieron como cuatro veces cada uno a preguntarme si quería bajar y hacer cualquier cosa que se les pasaba por la cabeza proponerme, pero s todo respondía que no. No tenía ganas de bajar.
[...]
Los días siguientes se nos pasaron volando, básicamente, sin hacer nada.
Cuando nos dimos cuenta solo faltaban unos horas para que Iria y Christian volvieran, y decidimos ir a recogerlos al aeropuerto.
[...]
Llegamos y su vuelo estaba a punto de aterrizar. Esperamos en frente de la puerta de desembarque.
Salieron, y fuimos corriendo a abrazarlos.
[Narra Iria.]
Subimos al avión en Vigo. Estaba muy emocionada por que tenía muchas ganas de verlos y me lo había pasado genial en Vilagarcía con Christian, pero sobretodo por que les llevaba una sorpresa que nunca se imaginarían.
En unas horas llegamos a Atlanta.
Cuando llegamos al aeropuerto nos estaban todos esperando. Corrieron a abrazarnos. Todos menos Esteban, obviamente. Ya empezábamos.
Cuando mi sorpresa para Ainhoa salió del avión y llegó al aeropuerto ella empezó a gritar y a llorar.
-¡DÁMARIS!
Corrí a donde estaba ella y la abrazó.
-Yo también me alegro de verte. –Le respondió Dámaris riéndose.
-¿Qué haces aquí? –Le preguntó todavía abrazada a ella.
-Estaba visitando a la tía de paso que Mario visitaba a su familia de A Coruña y nos encontramos con Iria y Christian, y decidimos venirnos con ellos.
En ese momento llegó Mario Casas. La reacción de Ainhoa fue quedarse quieta flipando.
Nos fuimos todos para el hotel, para celebrar nuestra vuelta por Atlanta después de dejar las maletas.
Mientras paseábamos me acerqué a María.
-¿Me echaste mucho de menos? –Le pregunté sonriéndole.
-Muchísimo. –Me dijo, y luego me abrazó.
-Bueno, ¿y que tal vas con lo tuyo?
-Fatal, para que engañarnos..

No hay comentarios:

Publicar un comentario