Recapitulemos:
Embarcamos.
Llegamos a Atlanta. Todos estábamos cansados por el viaje y francamente no nos paramos a ver la cara de los otros pasajeros del aeropuerto pero la cara de Cody cambió por completo cuando vio a alguien en el horizonte.
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En ese momento alguien gritó “MARÍA”. Ella miró a su alrededor para mirar quien le gritaba pero no se dio cuenta hasta que alguien se abalanzó sobre ella. Su olor se identificaba con tiempo atrás en el que ella hubiese matado por tener siempre a su lado. Ella susurró “Dudu.”
Él la miró, la beso y la volvió a abrazar fuertemente.
Todos estábamos cansados pero no podíamos quitar ojo de ese acontecimiento. Era yo la única que estaba mirando a Cody. Él estaba cabizbajo agarrando fuertemente con una mano su maleta y me di cuenta de que una lágrima le resbalaba por su mejilla.
Todo a acabado. Susurró.
Esteban ajeno a todo lo que estaba pasando se acercó a Cody y le puso la mano en el hombro.
-¿Te apetece que nos sentemos ahí mientras estos se dan el lote?
Cody no levantó la cabeza y con voz muy tenue abandonó su maleta disculpándose porque prefería ir al baño.
Yo pude observar que por un lado de los hombros de Dudu María observaba, al que quizás verdaderamente amaba, alejándose.
[...]
Por la noche noté como María daba vueltas en su cama. Y como no era capaz de dormir.
[...]
La semana transcurrió igual, sin cambios. A la hora de la comida siempre era Cody el que se sentaba alejado y no probaba bocado, y aprovechaba cualquier escusa para irse a su habitación. Esteban no paraba de ojearme, rabiosamente. Tampoco disfrutaba mucho de su presencia.
Mientras tanto, Dudu no se separaba de María, y ella tenía que sonreírle falsamente. Por lo tanto solo quedábamos tres acabando el postre.
Los otros preferían quedarse en sus habitaciones reflexionando. Algo que no era mala idea para mí.
No muy lejos de allí alguien llamaba a casa de Ryan y Chaz. Era Mara, que como siempre de había olvidado la llave.
Chaz había observado el comportamiento de Mara estos últimos días. Ella ya no era la amiga feliz que bailaba delante de aquel espejo y que siempre tenía una sonrisa para cualquier persona que se le pusiera delante. Él la encontraba muy apagada y aunque ella mentía sobre su estado de ánimo Chaz subió hacia su cuarto y con más curiosidad que valor, abrió la puerta sin que Mara se diera cuenta y se la encontró llorando en su cama. Mara levantó la cabeza con los ojos aún llorando y le tiró los cojines para que se fuera. Pero solo consiguió que él cerrara la puerta. La agarró por los brazos. Entonces Mara se tiró en la cama y Chaz sin soltarle las manos intentó levantarla casi gritándole que le pasaba.
Entonces Mara se serena, se seca las lágrimas y le dice:
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