martes, 30 de agosto de 2011

Capítulo 51.


Durante los dos siguientes días Ainhoa no se despegó de Dámaris en ningún momento. Se notaba que la echaba mucho de menos.
Una noche, Mario decidió llevarse a Dámaris a visitar Atlanta ellos solos.
Primero cenaron en un famoso restaurante y luego se fueron a dar un paseo.
Mario la llevó a un jardín gigante y vacío de gente, en el que tenía preparada una mesa y unas vistas preciosas a todo Atlanta bajo las estrellas, que se veían preciosas esa noche.
Se sentaron y se pusieron a mirar el paisaje. Mario empezó a ponerse muy nervioso.
De repente se levantó y se arrodilló delante de Dámaris.
-Sé que es un poco precipitado, pero sé que no estoy equivocado en hacer esto. Dámaris Freire, ¿quieres casarte conmigo? –Sacó una cajita con un anillo del bolsillo.
-Claro que sí. –Le respondió Dámaris llorando.
Se besaron. Para ellos dos había sido una noche que nunca olvidarían, la noche perfecta.
[...]
Al día siguiente Dámaris vino a contarnos todo. Entró en nuestra habitación.
-Chicas, no sabéis lo que me ha pasado la noche de ayer.
-Cuenta. –Le dijimos todas a la vez.
-Mario me pidió matrimonio. –Gritó enseñando el anillo de su dedo.
Empezamos a gritar todas.
-Quiere que lo celebremos en Italia, por cierto Ainhoa, nos vamos en dos días, tú eres mi madrina.
-Emm.. Vale. –Empezó a reírse.
-Después hablamos más de eso.
Después de todo el alboroto Ainhoa y Dámaris se fueron a dar un paseo.
-Pues eso, lo que te dije antes, en dos días nos vamos y serás mi madrina.
-¿Y cuando volvemos? ¿En dos semanas?
-¿Tú sabes cuánto se tarda en preparar una boda? Por lo menos dos meses.
-¿Dos meses? Cuando vuelva ellas ya se habrán vuelto a España. –Le dijo muy triste.
-Lo siento, pero no puede ser antes.
-No te preocupes, la familia es lo primero.
Se abrazaron y siguieron paseado.
Por la noche Ainhoa y Justin hablaron por teléfono. Ainhoa le contó lo de la boda y lo de los dos meses. Justin se puso muy triste, y le dijo que no hiciera planes para su última noche en Atlanta.
[...]
El tiempo pasó y llegó el último día de Dámaris y Ainhoa en Atlanta.

Capítulo 50.


Al día siguiente me desperté como siempre, no muy bien. Bajé a desayunar y allí estaba Justin, pero lo que me pareció más extraño es que no estuviera con Ainhoa.
-Buenos días Mara. –Me dijo sonriente.
-Buenos días. ¿Qué haces aquí a estas horas? –Le pregunté riéndome.
-Nada, venía a daros una visita. ¿No te alegras de verme al despertarte? –Me dijo sonriéndome.
-Creído. –Le respondí riéndome y me puse a desayunar con él y con Chaz.
Por la tarde había quedado con María para dar una vuelta.
La fui a buscar al hotel y nos fuimos a comprar un perrito al puesto que está en el parque de cerca del hotel.
Mientras lo comíamos dimos una vuelta por el parque.
-María, ¿qué tal vas con tu decisión? –Le pregunté de sopetón. Lo intriga me mataba.
-Pues más o menos. –Se quedó en silencio por unos instantes- Para qué engañarnos, va bastante mal. Los quiero a los dos, pero al ver a Cody tan deprimido se me parte el corazón. Pero cuando Dudu me abraza es como que me siento genial. Me gustan a los dos, y no sé qué hacer.
-Joé..
-Bah, déjalo, no quiero hablar de eso ahora. ¿Y tú qué tal?
-Bieen. –Intenté que no se notara que mentía.
Pasamos el resto de la tarde dando vueltas por el parque, y mirando tiendas.
[...]
Ya habían pasado cuatro días desde que Iria y Christian se habían ido a España y no noté para nada la ausencia de Iria. Se pasaba el día y la noche pegada al iPhone de Christian en el twitter.
La mañana y la tarde fueron de lo más normal ese día. Justin se pasó aquí todo el día y por la tarde llamó a Ainhoa y también vino. Fue una buena tarde, irónicamente.
Yo me pasé esa tarde leyendo. Mi madre me había mandando desde Canadá dos libros muy interesantes, sospechosamente en contra del alcohol a los menores. No se que se pensaba que estaba haciendo en Atlanta, y tampoco quería averiguarlo.
Ryan y Justin subieron como cuatro veces cada uno a preguntarme si quería bajar y hacer cualquier cosa que se les pasaba por la cabeza proponerme, pero s todo respondía que no. No tenía ganas de bajar.
[...]
Los días siguientes se nos pasaron volando, básicamente, sin hacer nada.
Cuando nos dimos cuenta solo faltaban unos horas para que Iria y Christian volvieran, y decidimos ir a recogerlos al aeropuerto.
[...]
Llegamos y su vuelo estaba a punto de aterrizar. Esperamos en frente de la puerta de desembarque.
Salieron, y fuimos corriendo a abrazarlos.
[Narra Iria.]
Subimos al avión en Vigo. Estaba muy emocionada por que tenía muchas ganas de verlos y me lo había pasado genial en Vilagarcía con Christian, pero sobretodo por que les llevaba una sorpresa que nunca se imaginarían.
En unas horas llegamos a Atlanta.
Cuando llegamos al aeropuerto nos estaban todos esperando. Corrieron a abrazarnos. Todos menos Esteban, obviamente. Ya empezábamos.
Cuando mi sorpresa para Ainhoa salió del avión y llegó al aeropuerto ella empezó a gritar y a llorar.
-¡DÁMARIS!
Corrí a donde estaba ella y la abrazó.
-Yo también me alegro de verte. –Le respondió Dámaris riéndose.
-¿Qué haces aquí? –Le preguntó todavía abrazada a ella.
-Estaba visitando a la tía de paso que Mario visitaba a su familia de A Coruña y nos encontramos con Iria y Christian, y decidimos venirnos con ellos.
En ese momento llegó Mario Casas. La reacción de Ainhoa fue quedarse quieta flipando.
Nos fuimos todos para el hotel, para celebrar nuestra vuelta por Atlanta después de dejar las maletas.
Mientras paseábamos me acerqué a María.
-¿Me echaste mucho de menos? –Le pregunté sonriéndole.
-Muchísimo. –Me dijo, y luego me abrazó.
-Bueno, ¿y que tal vas con lo tuyo?
-Fatal, para que engañarnos..

jueves, 25 de agosto de 2011

Capítulo 49.


A las siete nos fuimos todos al aeropuerto. Christian y yo facturamos nuestras maletas y esperamos sentados todos juntos a que llamaran a los pasajeros de nuestro vuelo.
Tardaron como una hora pero por fin nos llamaron para ir al avión.
Todos nos pusimos de pie, y empezamos a abrazarnos entre nosotros. Menos Esteban, que se quedó parado al lado de María, sin acercarse a nosotros.
Fui a abrazar a María, la que me dijo que me echaría muchísimo de menos. Luego me acerqué a Esteban, el que me apartó al mirar. Me entristecí un montón y me quedé quieta.
‘Aunque estés enfadado conmigo te echaré muchísimo de menos.’ Le dije en voz baja, a lo que él respondió con una mirada.
Christian me llamó y nos fuimos los dos para el avión.
[Narra Mara]
Despedimos a Iria y a Christian en el aeropuerto y luego nos volvimos a casa. No sin antes tomar algo en Starbucks con Justin y Ainhoa. Con el paso del tiempo y de su relación se volvieron como una persona sola, a donde iba él iba ella, y viceversa, y eso era algo que no soportaba, probablemente por el hecho de que no me hacía ni pizca de gracia verlos juntitos y tan acarameladitos en mis narices, pero bueno, tenía que aguantar.
Justin se venía un rato a nuestra casa a jugar a los videojuegos con Chaz y Ryan, por lo cual nos fuimos todos para allá después de tomar algo en Starbucks.
Al llegar Ainhoa dijo que ella ya se iba para el hotel, que estaba muy cansada, a lo que Justin respondió besándola apasionadamente delante de mis narices y diciéndole que la quería mucho.
Una estampo preciosa, si señor. Ellos dándose el lote ahí y yo enfrente de ellos aguantando las lágrimas.
Cuando entramos todos en casa yo subí a mi habitación, rechazando la invitación de Ryan a jugar con ellos, poniendo la escusa de que yo también estaba muy cansada, y advirtiéndoles que no mancharan mucho, que yo no pensaba limpiar por la mañana, a lo que respondieron riéndose.
No podía dormir. Me quedé en el twitter hablando con Iria, que estaba en el iPhone de Christian, hasta las 5 de la mañana, que me dijo que acababan de llegar a Vigo y que iban al hotel. En el momento que me quedé sin nada en lo que pensar que no fuera la escenita de hoy no pude evitar todas las lágrimas que no solté en ese momento. Estaba harta de tener que verlos, pero no me quedaba otra. Yo no quería que nadie supiera nada de lo que sentía, y si los rehuía se notaría demasiado, ya me llegaba con que lo supiera Chaz, que aunque me ayudaba muchísimo cuando estaba mal, no me agradaba mucho el hecho de que supiera toda la verdad.
[2 días después]
Pasaron dos días y todo seguía de lo más normal. Bajamos esas dos tardes a dar paseos y a hacer gilipolleces por Atlanta, como siempre. Yo me hice muy amiga de Iria, con la que hablaba siempre que podía por el twitter, y también de María, que me contó cómo se sentía y el lío que tenía en la cabeza.
Cada vez Cody estaba más triste y Dudu se pegaba más a María, lo que no ayudaba mucho a tomar la decisión de María.
Esteban estaba muy cerrado en sí mismo, apenas hablaba con nadie, solo un poco con María, pero no le contaba lo que le pasaba, y también con Cody, con el que hablaba mucho más.

martes, 23 de agosto de 2011

Capítulo 48.


A la mañana siguiente me desperté muy temprano. Estaba muy nerviosa. Me volvía a España, aunque fuera una semana, y aun por encima con Christian. Todo era maravilloso en ese momento.
Preparé las maletas haciendo el menor ruido posible para no despertarlas y encendí el ordenador. Christian estaba conectado.
-¿Qué haces conectada a estas horas? No es normal en ti despertarte antes de las cuatro de la tarde.
-Es que no podía dormir, estoy muy nerviosa.
-El vuelo sale a las 8 de la tarde, cuando se despierten diles que quedamos todos a las cinco en la bolera del hotel y ya se lo decimos.
Nos despedimos y me puse a escuchar música. Era muy feliz.
[...]
A las cinco, ya estaban todos en la bolera del hotel.
Nos sentamos todos alrededor de una mesa.  Christian se levantó.
-Tengo algo que decir.
Todos lo miraron.
-¿Por qué ahora lo anunciamos todo en la bolera? –Preguntó riéndose Tibi.
Todos empezamos a reírnos también.
-Bueno, eso. Iria y yo nos vamos una semana a España.
De repente, Esteban se levantó y se fue. María lo siguió hasta recepción.
-Esteban, ¿Qué coño te pasa?
-Nada. –Respondió muy enfadado sin mirarla.
-Algo te pasa.
-Pues que a mí no me parece normal que se la lleve una semana a España, cuando yo me vine de allí solo por verla. Y sigo sin poder creerme que lo haya perdonado después de lo que hizo.
-Eres un egoísta de mierda. Iria es feliz, y se nota muchísimo que Christian la quiere. Se nota mucho que decía la verdad con lo de Payton, así que no seas egoísta y déjala ser feliz, porque por tu culpa y tu capricho ella lo está pasando mal. No soporta que estés enfadado con ella. Pero bueno, tú sigue siendo un egoísta.
Él, sin saber que responderle, se fue para su habitación, dejándola sola en medio de recepción.
Mientras tanto, en la bolera, empecé a llorar disimuladamente. Chris estaba hablando con Fourtune, por lo que no se dio cuenta, pero Justin si. Corrió a donde estaba.
-Iria, ¿estás bien?
-Sí, sí, no te preocupes.
Me abrazó.
-Ya se le pasará.
[...]
Mientras jugábamos a los bolos, Justin se puso a hablar con Mara. Le contó toda su cita con Ainhoa, y lo feliz que era.
Mara lo escuchó todo con una sonrisa en la boca, y luego se disculpó por que tenía que ir al baño. Chaz, que estaba al lado y escuchándolo todo, la siguió, y sin ningún pudor, entró en el baño, donde se encontró a Mara sentada en el suelo llorando. Él, simplemente, se sentó a su lado y la abrazó con todas sus fuerzas.

lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 47. (Sorpresa de Iria.)


[Narrada por Iria.]
Estuvimos en el coche un buen rato, hasta que nos detuvimos en frente de un parque, que, como es lógico, estaba vacío a esas horas.
-Iria, tu bajas aquí. –Me dijo Justin.
-Emm, ¿me vas a dejar en un parque abandonada?
-Sí, ¿no querías ir al parque?, pues toma parque. –Se empezó a reír.
-Ni puta gracia.
-Baja joder.
Bajé del coche.
-Como no me vengas a recoger más tarde no te lo perdono. ¡Abandona-hogares!
-Si, si, ale, chao.
Arrancó el coche y se fue, con todo el morro del mundo. Me había abandonado en un parque. Era flipante.
Me fui a los columpios a sentarme ya que no tenía otra cosa que hacer y me puse a escuchar música, básicamente para no tener tanto miedo.
‘What Makes You Beautiful’ me tranquilizaba bastante.
De repente oí unos ruidos detrás de los arboles que había al lado del parque. Me empecé a asustar un montón. El ruido cada vez era más fuerte.
Fui corriendo detrás del tobogán y me encogí, muy asustada.
Se oían unos pasos en la arena del parque, cada vez más cerca.
-¡BUUUUUUH!
Empecé a llorar del susto. Era Chris, que al verme levantarme y ponerme a llorar me abrazó.
Le di un codazo y me separé de él.
-¿Tú eres gilipollas? ¿Sabes el susto que me metiste?
-Esto.. Yo..
Corrí a abrazarlo, seguía asustada, pero tampoco había sido como para pegarle.
Después de unos segundos abrazados nos separamos y él se sentó en el final del tobogán.
-Ven, siéntate aquí.
Fui a donde estaba él y me senté entre sus piernas mientras él pasaba sus brazos alrededor de mi cintura. Me sentí muy cómoda, como siempre que estaba con él. Christian siempre conseguía que por muy mal o incómoda que estuviera todo se me olvidara y me sintiera bien.
-Gracias por creerme con lo de Payton en Long Beach. No sé que habría hecho si te llegara a perder. –Me susurró al oído.
Yo, simplemente, me giré y le besé con todas mis fuerzas.
-Te amo, simplemente te amo, y yo tampoco sabría qué hacer si te llegara a perder.
Después del beso me abrazó entre sus fuertes brazos. Nunca me había sentido tan bien.
-Te tengo una sorpresa, tápate los ojos con las manos.
-Miedo me das. –Le dije riéndome, todavía acurrucada en su pecho.
-Tú hazlo. –Me dijo mientras me sonreía.
Me tapé los ojos con las manos y el puso su mano encima de las mías, para que no mirara, y con la otra posó algo en mis piernas.
-Ya puedes quitarte las manos de los ojos. ¡Sorpresa!
Miré lo que había puesto en mis piernas. Eran dos papeles. Los cogí. Eran dos billetes con destino a Vigo para mañana.
-Pero, estos son..
-Sí, son dos billetes para Vigo, por que descubrí que Vilagarcía no tenía aeropuerto, para mañana.
-¿Pero como descubriste justo de que cuidad soy? Si nunca lo mencioné..
-Hablé con María.
-Pero.. ¿Por qué?
-Por que se que echas de menos a tu familia y las amigas que dejaste allí, y deja ya los peros. –Me dijo riéndose.
-Pero.. Te he dicho alguna vez lo perfecto que eres y todo lo que te amo.
-Creo que sí, pero no estaría mal que lo repitieras. –Seguía riéndose.
Puse mis manos en su nuca y lo besé.

Capítulo 47. (Cita de Ainhoa.)


[Narrado por Ainhoa.]
Estuvimos en el coche un buen rato, hasta que nos detuvimos en frente de un parque, que, como es lógico, estaba vacío a esas horas.
Justin le dijo a Iria que bajara ahí. Le dijo unas palabras y se despidió de ella, dejándola allí abandonada como a un perrito.
-Justin, ¿porque la dejas en un parque sola a estas horas? ¿No ves que le puede pasar algo?
-Tú no te preocupes, confía en mí, está todo preparado.
-Bueno, confío en ti.
Un rato después nos paramos delante de un jardín precioso, que también estaba vacío.
-¿Te gustan los perritos?
-Sí, ¿por?
-Sígueme.
Me cogió la mano y me llevó hasta un puesto de perritos. Compró dos y me dio uno.
Los comimos mientras paseábamos bajo la luna, cogidos de la mano.
Un rato después nos sentamos en la hierba, mientras observábamos lo preciosa que estaba la noche. Me acosté en sus rodillas.
-Todo esto es precioso. –Dije, muy feliz.
-No tan precioso como tú. –Me respondió él, mirándome.
Me sonrojé, y él se inclinó para besarme.
[...]
Nos levantamos. Justin me miró y me cogió la mano.
-Ven, te tengo una sorpresa.
Tiró de mí hasta llevarme enfrente de una fila de árboles.
Yo lo miré desconcertada. Él tiro de mí para meternos en medio de los árboles.
Detrás de esa fila de árboles había una especie de parque de atracciones abandonado.
-¿Que hacemos aquí? –Pregunté.
-Quería enseñarte mi parque de atracciones favorito. Entremos.
-¿Cómo? Si está cerrado, y abandonado.
Tiró por mí hasta una especie de puerta que había y la abrió.
Entramos. Todo estaba hecho un desastre, pero había una casita muy mona que parecía estar en muy buen estado.  Justin me llevó allí.
-Cuando llegué a Atlanta Scooter me trajo aquí, para relajarme un poco de todo el ajetreo que era ir de una discográfica a otra. Siempre le he tenido mucho cariño a este sitio. Y, aunque lo cerraran, quería enseñártelo.
-Seguro que era precioso.
-Si, lo era.
Después de decir eso me cogió las manos y me miró.
-Quiero que este sea nuestro sitio. Que al verlo recordemos lo mucho que nos queremos. Que nunca te olvidaré. Que te amo. Este será nuestro lugar especial.
Antes de poder decir nada me abrazó y me beso con todas sus fuerzas.

domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 46.


Recapitulemos:
Ahora se me hacía raro rebloggear fotos y gifs de Christian, Justin y Cody, ya que ahora si quería una foto de ellos solo tenía que sacarla, con lo cual me puse a rebloggear fotos y gifs de One Direction.
[...]
A las once y algo Justin llamó a Ainhoa.
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-Te recojo en 10 minutos. –Le dijo Justin, sin saludar primero ni nada.
-Ehh?
-Eso. Que nunca hemos tenido una cita de verdad, y ahora te la voy a dar.
-Awww. Vale, te espero en 10 minutos.
-Estate lista, eh? Por cierto, dile a Iria que también se prepare.
-Por?
-Eso es una sorpresa para ella, tu solo dile eso.
-Vale.
Se despidieron y Ainhoa vino a donde estaba yo.
-Prepárate.
-Emm, para?
-No sé, Justin me dijo que nos preparáramos las dos. A mí me montó una cita pero no sé porque me dijo que te prepararas tú también. –Se empezó a reír.
-Dios, que pereza. Espera que lo llamo.
-Como quieras.
Ainhoa  fue a vestirse. Yo llamé a Justin.
-Justin, cariño, para que quieres que me prepare? No es una cita con Ainhoa? Que pinto yo? –Le dije riéndome.
-Tú solo prepárate y punto.
-Justin, me da mucha pereza.
-Prepárate.
-Que no tengo ganas.
-Prepárate.
-Pero..
-Sin peros, prepárate.
-Vale, pero, y este es mi último pero, no pienso quedarme a solas con vosotros dos. A mí me dejáis en los columpios de un parque.
Justin se empezó a reír y me dijo que no me preocupara. Luego se despidió.
Fui a donde estaba Ainhoa cambiándose. Se había puesto un vestido morado muy bonito.
-Como no, morado. –Le dije sonriendo.
-Se nota mucho que es a propósito?
-Un poco mucho.
-Va, no pasa nada. –Me dijo riéndose.
-Una cosa, tu sabes a donde vamos?
-Ni idea, no sé ni a donde vamos ni tu ni yo.
-Es que no se que ponerme. Bueno, me podré los vaqueros y unas converse.
-Niña, tu eres tonta? Como vas a ir a una sorpresa con vaqueros y converse.
-Yo le dije a Justin que prefería ir a un parque antes que quedarme con vosotros dos sola.
-Boh, no digas tonterías, vas a ponerte aunque sea una falda.
-Emm, no.
-Ven aquí.
Me tiró del brazo y me obligó a ponerme una falda azul muy bonita, con la que me veía rara.
-Estás guapísima.
-Si tu lo dices.. Pero me pongo converse.
-¿Cómo te vas poner converse con una falda?
-Poniéndomelas.
Ainhoa desistió y me dejó ponerme las converse.
Habían pasado ya veinte minutos desde que había llamado Justin, con lo cual decidimos bajar.
Justin estaba esperándonos apoyado en su coche.
-Ya era hora. Y mira que te dije que estuvierais preparadas en 10 minutos.
-Estuve discutiendo con Iria, no fue mi culpa.
-Bueno, es igual, subid.
-Yo sigo pensando que estaba genial en pijamita con mi ordenador.
Me ignoraron completamente. Subimos al coche.

Capítulo 45.


Recapitulemos:
-¿Qué tripa se te ha roto? –Me respondió.
-Ven corriendo jopé, hazme caso.
Cuando vino y vio las fotos empezó a gritar. “Es mi prima, es mi prima.” Era lo único que decía.
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Intenté calmarla, pero seguía nerviosísima, lo único que repetía era eso, que era su prima.
Desesperada le metí una bofetada. Se calmó un poco.
-Joder Ainhoa, llama a Dámaris.
-Voy.
Cogió el móvil y la llamó.
Cuando Dámaris respondió ella no era capaz de decir otra cosa más que “Mario Casas”. Ella no entendía nada así que le cogí el teléfono y lo puse en manos libres.
-Dámaris, soy Iria. ¿No nos tienes nada que contar?
-Hola cariño. Pues creo que no.
-¿Nada importante?
-Creo que no.
-¿A ti no te parece nada importante el hecho de que estás saliendo con Mario Casas?
-A sí, eso. Pues sí. –Me respondió riéndose.
-Si no llegamos a encontrar un canal español de pura suerte en la tele no nos abríamos enterado. Gracias.
-Pensé que estaríais a vuestro royo en Atlanta. Por cierto, ¿qué tal por allí? Fijo que os pasasteis todo este tiempo buscando a Justin y ni ligasteis ni nada. Seguro que ni lo encontrasteis.
Nos empezamos a reír todas como locas.
-¿De qué os reís?
-Si yo te contara todo lo que nos pasó no lo creerías.
-Bueno, me lo contáis otro día, que tengo que ir a una entrega de premios con Mario. Ya os llamaré. Chao, os quiero.
Ainhoa seguía en estado de shock.
El resto seguíamos riéndonos de lo que había dicho Dámaris. Nosotras no éramos las únicas que no nos habíamos enterado de lo nuevo.
[...]
A la mañana siguiente me quedé pensando en Esteban. No soportaba la idea de que estuviera enfadado conmigo, pero por otro lado era un caprichoso y un idiota, pero era mi amigo.
María se levantó y le conté que seguía enfadado conmigo. Me intentó tranquilizar con las típicas frases de “Ya se le pasará.” y “Son solo calentones.”, y aunque por fuera parecía que estaba mejor por dentro seguía muy mal.
Por la tarde nos quedamos en el hotel. No teníamos muchas ganas de bajar.
Ainhoa y Tibi se pusieron a buscar más sobre la relación de su prima y Mario Casas, ya que ella no les contaba nada, y fliparon con las fotos que encontraban.
Ara se pasó toda la tarde hablando con Ryan por Skype, eran demasiado empalagosos, pero eran muy felices.
Isabel había quedado con Chaz.
Y yo estuve enseñando a María durante media tarde como usar el Tumblr. Después de muchos cabezazos contra las paredes y ganas de optar por el suicidio conseguí que aprendiera. Yo me fui a mi ordenador a actualizar un poco el mío, ya que desde que había llegado a Atlanta no lo había abierto. Ahora se me hacía raro rebloggear fotos y gifs de Christian, Justin y Cody, ya que ahora si quería una foto de ellos solo tenía que sacarla, con lo cual me puse a rebloggear fotos y gifs de One Direction.
[...]
A las once y algo Justin llamó a Ainhoa.

Capítulo 44.


Recapitulemos:
Entonces Mara se serena, se seca las lágrimas y le dice:
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-No me pasa nada, solo me entró algo en un ojo.
-Si claro, no me mientas, ¿qué te pasa?
-Que no me pasa nada jopé.
-Que si, dime qué te pasa.
-No es nada.
-Mara, te conozco desde hace mucho tiempo. Dime qué te pasa.
-Nada, no me pasa nada.
-Mara, dímelo ya. –Le gritó Chaz, ya desesperado.
-No me grites. Júrame que nunca se lo dirás a nadie.
-A ver, te lo juro. Suéltalo.
-Sabes que Justin y yo lo dejamos por su salto a la fama, pero yo nunca me olvidé de él. Siempre lo he querido. Pero para Justin ahora soy como su hermana, ya no siente nada por mí como antes. Y ahora que llegó Ainhoa y él se enamoró de ella pues ya nunca lo volverá a sentir. Y es por eso por lo que estoy tan triste. Pero no te preocupes, solo soy una idiota.
Chaz la miró, su cara se entristeció más. La abrazó.
-No eres idiota, eso no lo digas ni en broma. Y no estés triste por eso.
-Vale, pero déjame sola, por favor. En un rato bajo. Y no le digas esta a nadie nunca, por favor.
-Está bien.
Por la noche, en el hotel, estábamos todas viendo la tele, porque no teníamos otra cosa que hacer.
Encontramos un canal español, y emocionadas, nos pusimos a mirarlo. Era Telecinco, y estaban echando “Sálvame”. Yo era la única a la que le interesaba y me puse a mirarlo mientras el resto se fueron a sus ordenadores.
Estaban hablando de que Rosa Benito había ganado “Supervivientes” y de repente empezaron a hablar de un nuevo romance de un actor muy conocido español con una chica que no se sabía nada de ella. Como siempre se fueron a publicidad antes de decir los nombres.
Me quedé pensando en quien podía ser, pero tampoco me importaba mucho, era simple curiosidad.
Volvieron de publicidad.
Tal fue mi asombro al ver unas fotos de Mario Casas con una chica, la cual dijeron que se llamaba Dámaris Freire.
Yo sabía perfectamente quien era, era la prima de Ainhoa y amiga mía.
Le grité a Ainhoa para que viniera corriendo.
-¿Qué tripa se te ha roto? –Me respondió.
-Ven corriendo jopé, hazme caso.
Cuando vino y vio las fotos empezó a gritar. “Es mi prima, es mi prima.” Era lo único que decía.

lunes, 1 de agosto de 2011

Capítulo 43.

Recapitulemos:
Embarcamos.
Llegamos a Atlanta. Todos estábamos cansados por el viaje y francamente no nos paramos a ver la cara de los otros pasajeros del aeropuerto pero la cara de Cody cambió por completo cuando vio a alguien en el horizonte.
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En ese momento alguien gritó “MARÍA”. Ella miró a su alrededor para mirar quien le gritaba pero no se dio cuenta hasta que alguien se abalanzó sobre ella. Su olor se identificaba con tiempo atrás en el que ella hubiese matado por tener siempre a su lado. Ella susurró “Dudu.”
Él la miró, la beso y la volvió a abrazar fuertemente.
Todos estábamos cansados pero no podíamos quitar ojo de ese acontecimiento. Era yo la única que estaba mirando a Cody. Él estaba cabizbajo agarrando fuertemente con una mano su maleta y me di cuenta de que una lágrima le resbalaba por su mejilla.
Todo a acabado. Susurró.
Esteban ajeno a todo lo que estaba pasando se acercó a Cody y le puso la mano en el hombro.
-¿Te apetece que nos sentemos ahí mientras estos se dan el lote?
Cody no levantó la cabeza y con voz muy tenue abandonó su maleta disculpándose porque prefería ir al baño.
Yo pude observar que por un lado de los hombros de Dudu María observaba, al que quizás verdaderamente amaba, alejándose.
[...]
Por la noche noté como María daba vueltas en su cama. Y como no era capaz de dormir.
[...]
La semana transcurrió igual, sin cambios. A la hora de la comida siempre era Cody el que se sentaba alejado y no probaba bocado, y aprovechaba cualquier escusa para irse a su habitación. Esteban no paraba de ojearme, rabiosamente. Tampoco disfrutaba mucho de su presencia.
Mientras tanto, Dudu no se separaba de María, y ella tenía que sonreírle falsamente. Por lo tanto solo quedábamos tres acabando el postre.
Los otros preferían quedarse en sus habitaciones reflexionando. Algo que no era mala idea para mí.
No muy lejos de allí alguien llamaba a casa de Ryan y Chaz. Era Mara, que como siempre de había olvidado la llave.
Chaz había observado el comportamiento de Mara estos últimos días. Ella ya no era la amiga feliz que bailaba delante de aquel espejo y que siempre tenía una sonrisa para cualquier persona que se le pusiera delante. Él la encontraba muy apagada y aunque ella mentía sobre su estado de ánimo Chaz subió hacia su cuarto y con más curiosidad que valor, abrió la puerta sin que Mara se diera cuenta y se la encontró llorando en su cama. Mara levantó la cabeza con los ojos aún llorando y le tiró los cojines para que se fuera. Pero solo consiguió que él cerrara la puerta. La agarró por los brazos. Entonces Mara se tiró en la cama y Chaz sin soltarle las manos intentó levantarla casi gritándole que le pasaba.
Entonces Mara se serena, se seca las lágrimas y le dice:

Capítulo 42.

Recapitulemos:
-Esteban, haber.. Noté que no mentía. Montó todo eso solo para que le perdonara. Se la montó a Payton. Y yo lo amo.
-Bueno, tú sabrás..
-Anda, no te enfades. –Lo abracé.
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Él se apartó y negó con la cabeza. Se dio media vuelta y sin mirarme a los ojos se fue de la habitación, enfadado.
María se acerca a mí y me abraza.
-No te preocupes, ya se le pasará. Sé que hiciste lo correcto, lo que tu corazón te dijo.
Miré a María con una sonrisa falsa. Después de ese momento María se fue.
Me senté en la cama, al lado de la maleta, ya ni me acordaba de que tenía que hacerla. Me quedé pensando en el enfado de Esteban.
Alguien llamó a la puerta y me alejó de mis pensamientos.
-¿Estás lista? Nos tenemos que ir ya, en media hora sale el avión.
-Sí, si. Ahora bajo.
Hice la maleta corriendo y bajé a recepción.
El resto ya estaban allí. Miré a Esteban y él me giró la cabeza. Me puse muy triste.
De repente alguien me agarra de la cintura y acerca su cabeza a la mía.
-¿Estás bien shawty?
Era Chris.
-Si, si. No te preocupes. –Le respondí mientras miraba a Esteban.
Chris se pone enfrente mía y me besa.
La limusina de Cody llegó y todos nos subimos.
Fui la única testigo de que no solo lo de Esteban eran novedades en nuestro grupo. Mientras nos subíamos a la limusina observé como la mano de Cody tocaba lentamente la de María, con lo que yo empecé a sospechar.
Llegamos al aeropuerto, bajamos de la limusina y nos dispusimos a coger nuestras maletas del maletero.
Tal fue mi torpeza que al agarrar la mía se me abrió dejando todas mis prendas en el suelo.
Me agaché a recogerlas muy avergonzada y Chris me ayudó. Me avergoncé mucho más cuando coincidimos en coger una camiseta los dos. Él se rio, me acarició la mejilla y me besó. Pero lo único que conseguí con eso fue aumentar el enfado de Esteban.
Embarcamos.
Llegamos a Atlanta. Todos estábamos cansados por el viaje y francamente no nos paramos a ver la cara de los otros pasajeros del aeropuerto pero la cara de Cody cambió por completo cuando vio a alguien en el horizonte.